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CÓMO MOVERSE HACIA EL LIDERAZGO |

 Luis Tayron Losada Pedraza 


 

Sin la existencia de un modelo de liderazgo que muestra una vida en completa coherencia con la causa que pretende encabezar, la autoridad del mismo se desvanece y el valor de su mensaje se hace nulo. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago, es una de las frases más absurdas que alguien ha utilizado. La inserción de una persona en una nueva cultura, la forma de aprender las conductas más elementales durante la niñez, derivan de imitar lo que se observa.

 

Luego el líder, debe saber que las personas a su cargo serán ampliamente influenciadas e imitarán su conducta. Aquellos aspectos de su propio carácter que detesta, si no son corregidos, los sufrirá desde aquellas personas que están bajo su liderazgo. Lo irónico es cuando aparece alguna persona que ha copiado "lo peor" del carácter del líder y éste la reprueba porque no acepta en otros, lo que ellos mismos están obligados a tolerarle a él. En esto consiste la virtud más importante del líder, en comprender su responsabilidad y vivir en absoluta coherencia con lo que enseña.

 

No se puede exigir puntualidad cuando se llega tarde y se sale temprano; no se puede hablar de moral cuando somos inmorales; no se puede hablar de responsabilidad cuando no respetamos los acuerdos. Sobre este último aspecto algunos consideran que ser responsable significa ser el primero en llegar a la Empresa y el último en salir, ¡qué equivocación más grande!

 

No puede ser un buen líder quien no ha sido un buen discípulo. Un alumno puede aprender determinadas materias y luego aplicarlas o no en su rutina. El discipulado es una experiencia diferente porque no se limita a aprender sino que se trata de alguien dedicado a practicar lo aprendido.

 

Un verdadero liderazgo se manifiesta por sus discípulos. Sócrates no escribió ningún tratado, pero lo conocemos por su discípulo Platón. El máximo ejemplo es Jesucristo que tampoco escribió, pero su enseñanza mucho antes de la globalización, dio innumerables vueltas al mundo afectando a todos los estratos de la sociedad, a través de sus discípulos.

 

Junto con la idoneidad del líder, su capacidad, sus conocimientos, su talento para enseñar es indispensable el compromiso con la visión.

 

Compromiso es lo que falta en muchas personas. Cuando una persona está comprometida, está dispuesta a dar mucho más, no se limita a hacer lo que “alguien dijo que había que hacer”, es una persona que siempre recorre un kilómetro adicional, ante los obstáculos y la adversidad está permanentemente con la mente abierta, tratando de encontrar una solución. En un escenario de alta competencia como el que estamos viviendo, el manejo óptimo de los recursos es un objetivo necesario de toda organización para marcar diferencias que brinden ventajas significativas sobre los demás. El recurso que mejor puede contribuir a establecer esas ventajas competitivas es el humano, con un adecuado desarrollo de su talento.

 

Veamos siete rasgos de carácter, enemigos de la excelencia:

 

1. El egoísta: Las personas egoístas son incapaces de conformar un equipo. Solo pueden conseguir conjuntos de obsecuentes que se mantienen en su posición alimentando su ego. En su afán por quedar bien con "el líder", corroboran toda decisión intimidados por su personalidad egoísta. De esta forma constituye un grupo de "corroboradores" en vez de un equipo de colaboradores. En las crisis los egoístas quedan absolutamente solos porque nadie le quitará el privilegio de devorar todo su fracaso.

 

2. El desconfiado: Si el líder desconfía de su gente, su grupo engendrará desconfianza y sospecharán el uno del otro. Esto trae como consecuencia, que no compartan sus ideas por el temor de revelar información comprometedora. En las crisis todos se sienten traicionados y se culpan mutuamente sin encarar una solución integradora. El principio de la desintegración es la desconfianza.

 

3. El soberbio: La falta de humildad en el liderazgo estanca la creatividad de un grupo. Nadie quiere aportar sus ideas cuando el "líder" es incapaz de recibirlas con interés. El soberbio cree que todo lo hace perfecto y desprecia los aportes de quienes están debajo de su nivel de autoridad. Esto trae aparejado una enorme falta de entusiasmo. En las crisis se descubre que muchos habían advertido de antemano lo que estaba por ocurrir y para evitar el mal momento de comentárselo al soberbio dejaron que este lo descubra demasiado tarde.

 

4. El omnipotente: Al que pretende que nunca necesita ayuda, nadie lo ayudará para no ofenderlo. El grupo proyectará que nunca ocurra nada que el "líder" omnipotente no pueda solucionar por si mismo. La gente tendrá la tendencia de acercarle una mayor cantidad de problemas que los que debe atender y cuando sobrevenga una crisis estará sobrecargado de tareas, con riesgos de ser aplastado.

 

5. El Sabelotodo: Tiene la tendencia a opinar de todas las cosas. A veces sufre de incontinencia verbal. Cuando es descubierto en un exceso, hablando con suficiencia de lo que ignora, pierde la credibilidad de su grupo y adquiere la categoría de charlatán. Es alarmante la cantidad de "líderes" capaces y bien intencionados, que caen en la trampa del descrédito, por no seleccionar adecuadamente los temas donde vierten sus comentarios y opiniones. Un charlatán es la última persona a la que se acude en una crisis. De todas maneras, el sabelotodo ya lo sabe.

 

6. El que compite contra su equipo: El "líder" que compite contra su equipo, lo hace en una desigualdad de fuerzas que implica deslealtad. La gente suele dejar ganar a su "líder" para que se sienta bien y no los moleste pidiendo permanentes revanchas. El problema es que mientras el líder se entretiene y conforma ganándole a su equipo, sus verdaderos competidores le pasan por encima. En las crisis el equipo no sabe si debe alentar al líder o al problema.

 

7. El humillante: Un grupo de personas resentidas tendrá una tendencia a quebrarse antes de enfrentar el desafío de una crisis. La humildad es una virtud que cada uno debe desarrollar por su propia decisión. El "líder" que cree que está a la cabeza para humillar a su grupo faltándoles el respeto, cosechará más resentimientos que humildad. Un líder sabio desarrollará la humildad de su equipo por imitación y no por humillación reiterada.

 

 

 


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